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sábado, 18 de agosto de 2007

Y nos adentramos en el mar... con la botella de rooon!!

Tengo una amiga que tiene un barco. Es un velero (algo viejecito, pero apañao) con el que se ha recorrido ya bastantes puntos exóticos del mapa. No es que tenga un velero, es que el barco es su casa: tiene su cocinita, su baño, su salita de estar y su habitación para dormir... muy cuco todo. Anoche conocí el barco, se llama "Prima Donna". Noemie y su novio "Gui" nos invitaron a su humilde morada flotante a hacer un botellón, acudimos sin faltar todas las compas del curro y se sumaron Jennifer y Cristian y algunos novios, y por supuesto mi nene, el pirata Xexi, que resultó ser un grumete de primera ;). Nada más poner un pie en el barco algunos ya dudaban si podrían aguantar mucho tiempo sin marearse, no hacía viento pero el barco se zarandeaba considerablemente y hay gente a la que ese movimiento le marea. A mi no, a mi me recuerda al movimiento de una cuna para dormir a un bebé, un movimiento suave y relajante... me marea mucho más ir en coche por una carretera muy sinuosa. Abrimos la botella de ron, la gente no bebió mucho, excepto Noemie que tiene alma pirata y se bebía el ron sin cola, a palo seco. Los demás decían que bastaba el mareo producido por las olas, que lo único que faltaba era emborracharse. Como el alcohol nunca ha sido santo de mi devoción, con dos cubatillas tuve más que suficiente y empecé a arrasar con las patatillas y todo lo comestible a bordo. Empezaron a hacerse evidentes las caras de mareo de algunos y los intentos de mantener la compostura. Cuando ya no pudieron disimular más "Gui" se ofreció a llevar a los que quisieran pisar tierra firme. Primero se fueron ellos, las chicas querían quedarse y esperaron la siguiente barca. "La próxima vez sin hombres" decía Noemie debido a que parecía que el mar no era para ellos. Bueno, para Xexi si, fue la excepción, sin contar a "Gui", el anfitrión. Viendo el panorama general decidí explorar por mi cuenta y descubrí que en la proa había una especie de hueco por dónde, haciendo equilibrismos, podías sentarte en una especie de barra (se me escapan los tecnicismos marineros :P) y estirando las piernas podías tocar el mar. Llegué a esa conclusión porqué, efectivamente, me arriesgué a descolgarme por el mencionado hueco. El agua estaba calentita. Desde esa posición alcé la cabeza hacia el cielo y lo descubrí salpicado de estrellas. Al estar el barco a oscuras éstas brillaban con más fuerza. Una, dos, tres...hasta cuatro estrellas fugaces danzaron ante mis ojos durante el tiempo que permanecí ahí sentada, con los pies hundidos en un mar oscuro como la noche. A lo lejos la barquita de remos se perdía entre los otros barcos buscando tierra. Tardó un tiempo en volver a buscar a las chicas, tiempo suficiente para enseñarles mi descubrimiento. Geovanna ni corta ni perezosa siguió mis pasos, las demás temían perder el equilibrio y caer al agua. Al llegar la barquita ellas también se fueron, nos quedamos Sergi y yo con los dueños del barco (y las botellas) imaginando historias de piratas y escuchando los viajes que habían hecho y que iban a hacer con la "Prima Donna". Debe ser duro vivir en un barco, pero también debe ser toda una experiencia. De hecho no me importaría probarlo alguna vez.